La infelicidad de la felicidad

 

El primer día que sales de tu casa para viajar sin billete de vuelta crees que todo será felicidad.

Sabes que muchas cosas van a cambiar, pero no eres consciente, ni por asomo, de cuánto.

Perseguir un sueño es una fuente constante de felicidad.

Lo tienes delante, lo quieres, lo buscas y la motivación es constante.

No cesas de sentir esa energía que te empuja desde dentro a dar el primer paso, ese salto mortal con doble pirueta que te lleva al centro justo de “la felicidad”.

 

Ilustración de Ana Juan
© Ilustración de Ana Juan

Los primeros días allí, miras a tu alrededor. Los ojos como platos y la boca abierta.

De vez en cuando te escuchas diciendo: no puede ser, esto es una pasada, lo he conseguido, que flipe….

Y en lugar de caminar, vuelas.

Te mueves de un sitio a otro con las puntas de los pies a un palmo del suelo y la mirada puesta en las nubes.

Después de varias semanas, aun con los nervios en el estómago, empiezas a cogerle el gustillo, a hacerte tu hueco y a asimilar de verdad que, a partir de ahora, esa va a ser tu vida.

Tanta libertad da vértigo.

Tanto, que a veces hasta te marea.

 

Como has ido perdiendo los miedos, te enfrentas a la vida de frente.

La miras a los ojos, incluso la retas echando los hombros hacia atrás y sacando un poco el pecho.

Has aprendido que en esta vida TODO tiene arreglo.

Y la felicidad se desborda por todos tus poros.

 

En ese momento, cuando te sientes grande e inmortal, recuerdas cuando la vida te ataba los pies.

No podías ver el hilo pero notabas como apretaba tus tobillos y, cada vez que intentabas volar un poco, te daba un tironcito hacia abajo y te devolvía a la “realidad”.

Al principio creías que el material de ese hilo era irrompible.

Sabías que lo único que podías hacer era quemarlo, pero también te abrasarías los pies.

Y sólo después de haber cicatrizado las heridas del fuego, te sientes como un Ícaro mirando a la vida desde arriba.

Y bates las alas, con fuerza, y sientes cómo el aire te golpea suavemente la barbilla.

 

Ilustración de Ana Juan
© Ilustración de Ana Juan

Al cabo de unos meses, y sabiendo que puedes seguir volando siempre que quieras, decides tocar un poco el suelo.

Te gusta tu nueva vida, es imposible que no te guste, pero de vez en cuando recuerdas con cierta nostalgia la monotonía de una vida.

Tenías tus manías, las repetías cada día y habías construido una felicidad, insostenible, pero felicidad al fin y al cabo.

Te rodeaban personas conocidas, amadas, amigas… que se hicieron pequeñitas y se esfumaron bajo tus pies.

Y las echas de menos.

No siempre.

Pero sabes que ese café le encantaría a María, que Javier se tiraría en plancha al mar en esa isla desierta y te encantaría decirle a Olivia lo feliz que sería en esa ciudad.

A veces les encuentras al otro lado de las redes sociales pero ya no son las mismas personas.

Algunas se alegran de lo que les cuentas y te lo demuestran, pero sorprendentemente algunas no.

Te das cuenta que Leo dejó de escribirte y que Lola ya ni siquiera le da a me gusta en tus publicaciones.

Has dejado de interesarles, o peor aún, les interesas demasiado porque les recuerdas cómo les aprietan los tobillos.

Y esta pequeña infelicidad a veces tiñe de rojo la felicidad.

 

Ilustración de Ana Juan
© Ilustración de Ana Juan

Y piensas sobre esto, lo analizas, le buscas una explicación basada en el mito de la empatía.

Quizás tú tampoco estuviste a la altura y al final te das cuenta que quien más ha cambiado, has sido tú.

Has dejado de “vivir” la vida, ahora te la tragas, la bailas, la vuelas y te acuestas con ella.

Te has cruzado con otras personas.

Y vuelan a tu altura.

Y también se quemaron los pies.

Y te comprenden porque también ven la vida desde arriba.

 

Y sabes que nada será como antes.

 

De vez en cuando volverás a aquel entorno.

Sólo Físicamente. Sólo de vacaciones.

A saludar.

Ya no te interesa cómo se vive allí.

Quedan pequeños trazos de personas que sobreviven, que sacan la boca y golpean fuerte con las aletas para saltar.

Se mezclan buenos recuerdos con pesadillas de color brillante.

Sabes que estarás a salvo pero volverás a sentir cosas que hacía mucho tiempo que no sentías.

Te mirarás los tobillos para asegurarte de que el hilo desapareció y dejarás de contar anécdotas que a nadie le interesan.

Ese impasse, hará que crezcan un poco más tus alas.

Te servirá para recordar lo que no quieres y lo que has conseguido.

Mirarás hacia delante con la vista puesta en nuevos proyectos que harán temblar tu corazón y volaras alto a por ellos, pero no lo harás nunca más en soledad.

 

 

Ilustración de Ana Juan
© Ilustración de Ana Juan

Todas estas maravillosas ilustraciones han sido realizadas por Ana Juan, una de las mejores ilustradoras que tenemos en España y que muy generosamente nos ha dejado usarlas para este artículo.

Podéis ver su increíble trabajo en www.anajuan.net

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7 comentarios sobre “La infelicidad de la felicidad

  1. Carla Contestar

    Cuánto sentir. Cuántas elecciones ofrece la vida a aquella que es capaz de ver más allá de las opciones establecidas. Les entendemos. Nosotras no hemos salido, como saben, pero llevamos 8 meses ya de viaje, porque todo empieza por desescolarizar la cabeza. Felicidades por permitiros ser libres para elegir!

    • Kàra Contestar

      Muchas gracias guapa.

      Todo cambia en el momento que adquieres consciencia de la vida esclava y estereotipada que llevamos en esta sociedad de consumo.

      Una vez que cruzas esa línea ya no hay vuelta atrás.

      Pero hay que tener cuidado porque la sociedad convencional tiene unas estructuras muy sólidas y fuertes que solo quieren hacerte volver.

      Enhorabuena a vosotras también por haber cruzado la línea. El primer día que empecéis a vivir en libertad plena, cuando hayáis salido para no volver, ese día lo veréis aún más claro y la felicidad os hará llorar de alegría.

      Un abrazo familia ligrona ❤️

  2. Furgo Salvaje Contestar

    La vida y las mil vueltas que damos en ella. Siempre aprendiendo. Preciosas palabras

  3. Javi Godinez Contestar

    Me ha encantado… y me he sentido bastante identificado.

    Una de las cosas que no sabes cuándo te vas, es que vas a tener que aprender a dejar ir. Es necesario, para crear espacio para todas esas otras personas que están por llegar.

    • Kàra Autora del artículoContestar

      Nos alegra mucho que te haya gustado y ver que no somos las únicas que nos pasa.
      Esta vida nómada está llena de aprendizaje. Y aunque a veces es duro, siempre merece la pena

  4. Sol ortega Contestar

    Cuando te cansas y no sabes que hacer si correr, gritar, callar, llorar o aferrarte y tomar la decíon de emprender tu vuelo con mucho miedo al que pasara, pero quien dijo que seria fácil tomar tus sueños, aferrarte con todo tu corazón para ser tu mejor versió libre y simplemente feliz.

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