Una nueva vida con cáncer de mama

El primer día de tu nueva vida comienza en el momento exacto en el que abres un sobre, comienzas a leer y notas como una palabra, de pronto, se hace grande y se pone en negrita:

Carcinoma

¿Tengo cáncer de mama?

Mira que la has escuchado veces.

Conoces a gente que tuvo, que tiene y que tendrá cáncer. Pero nunca fuiste tú una de esas personas.

Ni siquiera imaginaste que “eso” te pudiera pasar a ti. Porque las cosas siempre le pasan a las demás. Sobre todo las malas.

Vuelves a leer el principio del informe y ves que pone tu nombre en nombre de la paciente.

Entonces enseguida tu cerebro busca una solución: vale, se han equivocado de informe, han traspapelado mis datos con otros, o directamente han traspapelado las muestras de la biopsia.

Obvio.

El estómago ya lo tienes del revés. Por si acaso.

El estómago siempre se prepara y un nudo sube hasta tu garganta.

De las 50 palabras que acompañan a la palabra carcinoma, entiendes 3 pero preferirías no entenderlas. Además ¿qué pinta la palabra necrosis ahí?

Y en ese momento vives la conversación más bizarra de tu vida:

  • Kàra: Cariño, que tengo cáncer. Que tengo cáncer de mama…
  • David: A ver cariño, no adelantes nada que esto nos lo tiene que decir alguien profesional
  • K: Cariño que yo sé lo que significa carcinoma, que eso es cáncer!

En España, este tipo de noticias te la da una profesional de la medicina. Pero en México no.

Allí, vas a una clínica, te haces las pruebas y cuando te llaman, vas a recoger el sobre con los resultados. Tú sola. Con tus nulos conocimientos médicos.

La adrenalina no me permitía llorar. Mi instinto de supervivencia (y mi mercurio en capricornio) comenzaron a preparar el plan de actuación de emergencias. Mi cerebro iba a mil por hora.

Allí, David y yo. Solas. En México.

Preguntamos por el radiólogo oncólogo que me había hecho las pruebas, pero era viernes y no estaría hasta el próximo lunes. Así que se nos ocurrió llamar a la ginecóloga que me había mandado las pruebas y fuimos a verla.

Tienes cáncer de mama

Ya cuando la palabra cáncer sale de la boca de una doctora, se oficializa. En ese momento no hay duda. No hay error.

Cara tristeY entonces notas cómo la sombra oscura del miedo te va subiendo por los pies. La miras desde arriba y sabes que se te va a meter hasta en los ojos.

Y ahí lloras.

Sabes que el miedo no te va a dejar moverte. Pero justo ahora tienes que moverte rápido. Tienes que moverte más rápido que nunca.

Fuera lágrimas, fuera miedo y a empuñar la espada contra lo que venga.

Y dices, a ver, que soy yo.

Si soy yo a la que no le pasan estas cosas, pues obviamente soy yo la que vence estas cosas (cuando pasan).

Y bien, porque esa energía inicial viene muy bien. Fuerte, positiva, dura. También os digo que esa energía no dura ni todos los días, ni todas las horas, ni todos los minutos. Por desgracia.

Primeros pensamientos

Ahora me acuerdo del momento en el que llegué a casa. A mi casa en Oaxaca.

Lo primero que hice fue hablar con mi hermana. Ella es mi segundo bastón de apoyo. Siempre.

Ahí lloramos las dos y nos prometimos echar el resto en esta lucha.

Y pasó algo a lo que no le di importancia en ese momento pero que tenía toda la importancia del mundo.

Mi sobrina Paula.

Acaba de cumplir 5 años. Y cuando nos vio llorando le preguntó a su madre que por qué lloraba.

Mi hermana le dijo que lloraba porque tía Kàra tenía un ouchi en la teta, estaba enferma y estábamos preocupadas. Y le dijo que me mandara mucho amor y un beso fuerte.

Ella me miró fijamente y me dijo, yo tengo tos.


Hoy, leyendo a Osho comprendo esa reacción. Y sé que a ese comportamiento es al que tengo que llegar. Cada cual tenemos nuestras cosas y no hay que darle mayor importancia que el hecho de que están ahí y podemos aprender de ellas. Que hay que aprender a mirar la vida sin miedo. Porque la vida sin miedo es mucho más fácil.

Después de hablar con mi hermana, estaba entrando justo en la cocina cuando pensé:

Hay que joderse, que al final me voy a morir sin hacer un safari por Kenia y Tanzania. Tengo que hablar con David y si salgo de esta, tenemos que hacerlo.

 

 

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Hay que ver, casi 2 años llevamos en México. Que podíamos haber recorrido toda América como han hecho otras muchas viajeras. Galápagos, el Salar de Uyuni, Machu Pichu, Rapa Nui, la Pampa…

¿Y ahora qué? ¿Me voy a quedar sin verlo, habiendo tenido la oportunidad?

Vivir la vida que quieres

Pero acto seguido se me pasaron por la mente las millones de imágenes de todos los recuerdos de los 2 espectaculares años que llevamos recorriendo México. En profundidad. Desde una perspectiva que nunca hubiéramos conocido en 3 meses.

Y en ese momento me di cuenta que estaba en el lugar del mundo en el que quería estar. Haciendo lo que quería y que no lo cambiaría por nada del mundo.

En este caso sí que lo tuve que cambiar cuando mi seguro y nosotras decidimos volver para España.

Pero a lo que me refiero, es que a veces pensamos más en lo que no estamos haciendo que en lo que estamos viviendo realmente.

Es muy absurdo.

Hace 3 años tuvieron que repatriarme también. Al principio me dijeron que me estaba muriendo. Era la primera vez que me enfrentaba a la muerte así de una forma directa. Y escribí este artículo:

Si muero mañana. Reflexión en el día de muertos

Finalmente no me morí. Pero una trombosis y una «enfermedad rara» nos devolvieron a España a los 10 meses de haberlo dejado todo y habernos lanzado a vivir nuestro sueño.

En aquel entonces lo pasé muy mal. La vuelta. Fue una depresión. Además traía el dengue y me pasé la primera semana ingresada en el hospital.

Nos tocó pasar 10 meses en Madrid de pruebas, análisis, más pruebas… pero eso me ayudó a tomarme la vida de otra forma.

Bueno, en realidad quien me ayuda a todo es David. Positivo y optimista hasta en los peores momentos. Me hizo comprender que nuestra vida ha cambiado. Que ya no somos las mismas personas y da igual el lugar.

A ver, a mi igual, igual, no me da.

Yo soy más feliz en las playas de Baja California con mi Florinda que en un piso en San Sebastián de los Reyes. Las cosas como son.

Y aunque esta vez lo llevo mucho mejor que hace 3 años, no es la situación ideal.

El futuro

Sé que tengo mucho que aprender de este nuevo revés que me da la vida. (Que digo yo que podía aflojar un poco y dejarme tranquila un tiempo. O igual es que yo soy muy torpe y no he pillado aún de qué va todo esto de la existencia humana).

Estoy en ello. De verdad.

Abierta absolutamente a todo lo que tenga que venir. Abierta a crecer como persona y seguir dándome a las demás. Con una versión mucho más mejorada de mí misma.

Y si no, esta enfermedad me lo recordará de vez en cuando. Porque esto es ya para toda la vida.

 

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Me acaban de operar y quitarme los tumores que tenía. Me darán radio, quimio o lo que haga falta. Durante muchos años, tendré que hacerme revisiones cada 3 o 6 meses. Y después anualmente hasta que me muera.

Y las cicatrices estarán ahí para que no se me olvide.

Mi vida, nuestra vida, ya está condicionada. No somos de hacer planes, de hecho, no los hacemos. Pero sí nos gusta hacer un leve planteamiento sobre el futuro próximo.

Eso se ha terminado. A partir de ahora no podremos hacer planes a más de 6 meses. Y es una mierda. (Sólo falta que desaparezcan tus opciones de libertad para que las quieras).

Pero sí, hay que vivir el presente. Exprimirlo al máximo. Vivir en libertad. Y aprender de todo lo que nos pasa.

Mirar de frente a la vida aceptando que va a pasar (nos pongamos como nos pongamos) lo que tenga que pasar.

Y aquí estaremos, esperando con nuestra mejor sonrisa.

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