Cómo hacer turismo solidario responsable

¿Es posible un turismo solidario responsable? ¿Qué cuestiones tenemos que tener en cuenta?

En este artículo quiero analizar el voluntariado social desde otra perspectiva. Pero vamos por partes, vamos al principio.

Como sabéis nuestra historia comienza a finales de 2013 cuando dejamos nuestros trabajos y nos fuimos a recorrer el mundo y a aportar nuestro granito de arena con los voluntariados sociales.

Pero realmente, todo empezó en 2012 cuando yo terminé un máster en cooperación internacional y desarrollo, otro en intervención socioeducativa, así como varios cursos de empoderamiento de mujeres, comunidades indígenas y educación para el desarrollo.

Quería hacer un voluntariado internacional, pero hacerlo bien. Quería tener lo más claro posible, que las actuaciones que desarrollara no perjudicarían a nadie. Y para eso se necesitan conocimientos.

Antes de salir de viaje, contacté con varias ONGDs en diferentes países. Y empezamos nuestro viaje solidario en Nepal.

Si estás buscando un voluntariado internacional. En nuestro artículo Cómo encontrar un voluntariado internacional y no morir en el intento, puedes ver varios consejos.

Los comienzos del viaje solidario

Cuando llegamos a Katmandú, nos dimos cuenta que la organización con la que habíamos contactado, ni estaba organizada, ni tenía un proyecto planificado, ni unos objetivos fijados. No es que no tuvieran buena intención, ni que fueran un fraude… simplemente era un señor con muy buenos sentimientos, pero sin conocimientos del tema.

Así que, cancelamos esos planes y nos dejamos fluir entre una mezcla de fracaso e impotencia.

A las pocas semanas y por medio de un contacto local comenzamos a colaborar en un cole como monitores de ocio y tiempo libre. Estuvimos yendo un mes y medio. Preparamos el festival fin de curso, construimos instrumentos musicales con material reciclado, aprendieron canciones de los Beatles…

Hablando con la señora que regentaba nuestro alojamiento en Bhaktapur me trasladó la necesidad que tenía la comunidad empresarial de la zona, de nuevas ideas de negocio y desarrollo estratégico.

Así que, de forma natural, y como respuesta a una necesidad real, desarrollé un proyecto dirigido al empoderamiento de mujeres de la zona que querían dedicarse, o ya se dedicaban al mundo empresarial, compartiéndoles mi experiencia empresarial en España.

Este proyecto se materializó en dos conferencias que di por medio de la Cámara de Comercio y que podéis ver en el artículo Empoderamiento de mujeres en Nepal.

Empoderamiento de mujeres en Nepal

Estas experiencias en Nepal, me llevaron a desarrollar un análisis profundo de mis ideas, mis objetivos, la solidaridad, el voluntariado…. Y ahí empecé a cuestionarme las cosas. Porque creo que es muy sano analizarnos, analizar lo que hacemos y buscar cómo mejorarlo.

A la misma vez, David y yo decidimos que no queríamos ponerle límite a esos dos años sabáticos que inicialmente habíamos previsto.

Queríamos que esa fuera nuestra vida. Así que había mucho que pensar, ajustar y cambiar.

Decidimos seguir viajando por otros países asiáticos y yo establecí que, hasta que no tuviera un poco más claro lo que “estaba bien” y lo que “estaba mal” en el turismo solidario, iba a parar de hacerlo. Porque a veces ves cosas que, aunque no sabes exactamente por qué, te rechinan, no van contigo, te hacen sentirte mal.

Y así fue cómo 6 meses después llegábamos a Indonesia, para trabajar con una ONGDs con la que previamente había contactado.

Tenía muy buena pinta. Una web muy bien desarrollada, diferentes proyectos, aparentemente estructurados… la llevaba una chica española y me ofreció ir a ayudarla a reorganizar, coordinar y echar una mano.

Me pareció estupendo. Indonesia no entraba en nuestros planes originales pero nos pareció genial cambiarlos.

No voy a entrar en detalles, pero al final, la ONGD que habían montado (también con muy buena intención)  era todo una fachada, un negocio de turismo solidario donde la gente pagaba bastante dinero (demasiado) por ir allí a dar clases de inglés (o lo que surgiera).

Pero no me preocupa el hecho de que fuera un negocio. Me preocupa que no había planificación. Se iban haciendo las cosas conforme iban surgiendo. Y allí, todo valía.

Chicos y chicas españolas, llegaban con la ilusión de vivir la experiencia de sus vidas ayudando a los niños y a las niñas pobres del tercer mundo. Pasaban una semana, dos… un mes, dándoles clases de inglés y luego seguían con sus vacaciones en el paraíso.

En la mayoría de los casos, estas personas no sabían inglés.

Y yo empecé a sentir que aquello no estaba bien.

La base de la cooperación internacional es la contribución al desarrollo humano, económico y social. Y allí, nadie se estaba desarrollando realmente.

Bueno, la gente que venía de España, sí sentía un cambio interior. Su ego se veía mucho más reforzado y volvían tan felices a sus vidas privilegiadas manteniendo en su memoria (y en sus perfiles de redes sociales) el recuerdo de “haber cambiado una pequeña parte del mundo”. Una actitud paternalista que verdaderamente no aporta nada. Y que solemos experimentar todas las personas que queremos “ayudar”.

Y la realidad, es que esa pequeña parte del mundo seguiría exactamente igual. O incluso, un poco peor.

Allí, tuve la oportunidad de acercarme a otra ONGD que había en la isla. Muy pequeñita. Con inversión extranjera pero organizada 100% local donde se hacían las cosas de otra manera. No existía la figura del “voluntariado internacional”, las personas que colaboraban con la asociación eran locales y lo hacían a cambio de un salario. Eran personas formadas, profesionales.

De vez en cuando, íbamos personas de otros lugares (turistas) a compartirles a las peques cosas de nuestros países. En una ocasión, por ejemplo, un chico enfermero les dio pequeñas nociones sobre salud e higiene básica a sus mamás… Pero no era un voluntariado como tal. Eran pequeñas acciones puntuales. Compartir más que nada.

Y me sirvió para despertar nuevas ideas que empezaban a materializarse en mi mente.

Así que, después de mucho análisis y muchas experiencias vividas, conversaciones con la propia gente local, en diferentes países, otras compañeras cooperantes y demás… toda mi perspectiva en este ámbito cambió y os voy a contar lo que es para mí (y para el mundo de la cooperación profesional) cómo debe ser un voluntariado social para que podamos considerarlo como responsable y verdaderamente eficiente.

Voy a partir de la base, de que no se trata de juzgar a nadie. Aquí todo el mundo hemos hecho cosas que, a día de hoy, sabemos que podríamos haberlas hecho mejor. Entendiendo mejor, desde la perspectiva de cómo nuestros actos influyen a otra gente a animales, a nuestro entorno…

Y si verdaderamente nos importa la repercusión que nuestros actos tienen sobre otras personas. Si os importa de verdad. Desde la compasión y el respeto, os animo a que abráis la mente todo lo que podáis desde la humildad y las ganas de cuestionarnos nuestras ideas y patrones de comportamiento. Con el único objetivo de tirarlas y construir otras nuevas si finalmente nos damos cuenta de que se pueden hacer las cosas desde otras perspectivas.

Esto fue lo que yo hice. Aceptar que estaba equivocada.

Turismo solidario responsable

Si buscamos definiciones sobre qué es el turismo solidario, encontramos que su principal característica es el apoyo a proyectos sociales desde la mirada del respeto al entorno y a la cultura, con el mínimo impacto. Sin juzgar y sin poner en cuestión valores ni modos de vida.

Niña indonesia con hiyab

Es decir, cuando viajamos, nuestro etnocentrismo debe quedarse en nuestro país. Lo que significa que debemos olvidarnos de esa actitud de superioridad cultural que tenemos.

Cuando llegamos a un país, somos personas invitadas. Y la humildad y las ganas de aprender deberían ser nuestras banderas.

Recuerdo a una voluntaria española diciéndole a una niña musulmana de 9 años que estaría muchísimo más guapa sin el hiyab, que mejor que se lo quitara. (El objetivo era “estar más guapa”).

Probablemente muchas personas piensen lo mismo. De hecho, yo nunca uso hiyab porque me parece una herramienta de opresión machista que me encabrona. Pero por la misma razón, tampoco uso tacones ni me maquillo.

¿O resulta que las herramientas de opresión machista que hemos interiorizado por nuestra herencia cultural sí que están bien pero las de otras culturas no? Etnocentrismo.

Ahí os dejo esta reflexión. Dura. Difícil.

¿Qué cuestiones hay que tener en cuenta antes de ponernos a ayudar?

Desde que los Objetivos de desarrollo del milenio que fijó la ONU fracasaron en 2015, pasaron a llamarse Objetivos de desarrollo sostenible y a ser replanteados desde una perspectiva de eficacia del desarrollo más que de eficacia de la ayuda.

Mano formada por las banderas de lo países

Es decir, el punto de vista se centra ahora en el desarrollo de las comunidades y las personas objetivo de la ayuda. Porque se han dado cuenta que, en muchísimos casos, las ayudas de las ONGDs causan graves efectos secundarios – como la generación de deuda irresponsable, la vinculación de la ayuda a intereses empresariales o geoestratégicos, la vulneración de derechos laborales, medioambientales, culturales o irresponsabilidad fiscal… o incluso los gobiernos. La cooperación internacional ha sido y es un negocio para muchos gobiernos.

Por lo que antes de ponernos ayudar, hay que plantearse muchas cosas.

Hay que crear o tiene que existir un proyecto que haya sido desarrollado con un objetivo concreto y un análisis de medios necesarios para llevarlo a cabo en un plazo de tiempo determinado.

Y aquí están, para mí, las 3 cuestiones más importantes a tener en cuenta en todo esto de la cooperación.

  • ¿Cuál es el objetivo? Que debe ser medible matemáticamente. Que la población mejore su nivel de inglés, no es un objetivo medible.
  • ¿Qué medios se necesitan? En Haití, en 2011 una ONGD se gastó 1 millón de dólares en construir un mega hospital que a día de hoy está vacío porque se quedaron sin dinero para equiparlo. Y este no es un caso aislado. ¿De qué sirve construir un pozo en un poblado si no se prepara a la población local para que sea capaz de mantenerlo?
  • ¿Cuánto va a durar el proyecto? Porque un proyecto sin un plazo establecido, crea dependencia hacia la ayuda y eso no es sostenible ni eficiente precisamente.

La cooperación internacional trata de llevar a cabo un proyecto determinado, durante un tiempo determinado con unos recursos determinados y que las gentes locales sean capaces de seguir manteniendo y evolucionando ese proyecto cuando la organización que lo ha implementado se vaya. Porque se tiene que ir. Y esto es clave.

Es muy importante tener este concepto presente. La ayuda no puede volverse dependencia porque ya no es ayuda. Esto va de dar el pez o de enseñar a pescar.

Es básico que tengamos esto en cuenta cuando nos decidamos a hacer un voluntariado social.

Y esta bofetada de realidad, hay que sentirla en algún momento para que todo haga clic y por fin podamos sentir que lo que hacemos por las demás personas es verdaderamente responsable y eficaz.

Esto es como el día que te das cuenta que empiezas a amar verdaderamente a los animales cuando dejas de ir al zoo y dejas de ser partícipe o cómplice de su explotación. Es mejor no hacer determinadas actividades antes de hacerlas mal, porque su repercusión es nefasta.

  • Turismo responsable con animales

    Turismo responsable con animales

    Cuando estábamos preparando “la gran aventura”, también buscamos voluntariados con animales. Queríamos probar la experiencia de hacer turismo responsable.

Turismo solidario desde otra perspectiva

Y en este punto, me gustaría que analizásemos varios temas específicos y que nos hiciésemos diferentes cuestiones al respecto, a ver qué nos sugiere verlos desde diferentes perspectivas.

Vacaciones solidarias.

¿Qué pensaríamos si a nuestro hijo o hija en el colegio, le cambiaran su “profe” de inglés cada 3 semanas? Y además, sin un programa pedagógico de respaldo en el centro educativo porque esas clases de inglés las gestiona una asociación externa (una ONGD).

Es decir, hoy llega un chico polaco que le enseña a nuestro hijo canciones de inglés, la semana siguiente llega una chica francesa que les enseña los días de la semana, 3 semanas después es una chica rusa que les sonríe y les abraza y les enseña otra canción en inglés.

Creo que a nadie le gustaría que sus hijos e hijas aprendiesen inglés así.

En los países en desarrollo también hay profesores y profesoras de inglés, formadas, con sus estudios…. pero a esta gente no las contratan porque sale mucho más rentable que venga una occidental que además va a pagar por vivir la experiencia.

Y esto es extensible a cualquier tipo de colaboración. Lo que podamos colaborar en tan poco tiempo es difícil que sirva para algo.

Y al igual que jamás se nos ocurriría ejercer de doctoras por un día, no deberíamos hacerlo en el campo de la cooperación. Existen profesionales que ya hacen ese trabajo.

Porque, si en España, o en nuestro país de origen, nunca pasaríamos las pruebas para dar clases de inglés (por ejemplo) o clases en general ¿qué nos lleva a pensar que sí estamos legitimadas para hacerlo en un país en desarrollo?

Entonces, en situaciones de pobreza ¿todo vale?

Y además, en un contexto sociocultural que desconocemos por completo y que a lo mejor, no terminamos de comprender.

¿Hacemos voluntariado social en nuestra ciudad? ¿Realmente necesitamos cruzar el océano para ser personas solidarias?

Si algo me cuesta entender es que mucha de la gente que he conocido en otros países y que estaban haciendo turismo solidario, al preguntarles si hacían algún voluntariado en su país de origen me contestaban que no.

¿No hay personas en riesgo de exclusión social en Madrid, Buenos Aires, Ciudad de México, Villarrobledo…?

¿O es que si su tono de piel es diferente al nuestro, quedan mejor en las fotos….?

Cuestionarse esto de esta manera no mola nada. Porque nos hace sentirnos egoístas y entramos en contradicciones que nos desagradan. Y vuelvo a repetir, no se trata de juzgarnos, sino de revisarnos, analizarnos…

Un nuevo enfoque de pensamiento en el voluntariado

Pensemos fríamente. Yo soy, por ejemplo, administrativa en Madrid, y me voy de viaje 2 semanas a Indonesia. Y entre bañito y bañito en la piscina privada de mi hotel, voy a un cole local a dar “clases” a niños y niñas en riesgo de exclusión social (algo que no he hecho nunca, ni tengo preparación para ello) desconociendo la realidad de esas personitas y de su comunidad. Contribuyendo a que personas locales preparadas no tengan la oportunidad de dar esas “clases” porque yo, además, pago… y sin ser consciente de la repercusión real que les ocasiona.

Si pensamos esto desde esta perspectiva, se cae por su propio peso. ¿No creéis?

Pero, qué ocurre si yo, que soy esa misma persona, me pongo en contacto con alguna asociación de Madrid y me ofrezco a ayudarles en la gestión administrativa de la asociación. Y empiezo a involucrarme con una comunidad determinada, a conocer su realidad, a aprender de esa gente, a intentar comprender los por qué, los cómo… de esa comunidad, y les intento echar una mano usando mis capacidades.

¿No tiene esto mucho más sentido?

¿Qué nos impulsa a no hacerlo aquí y querer hacerlo allí?

Aquí conocemos el contexto, la situación sociopolítica, la cultura… y es donde más podemos ayudar y donde nuestra ayuda será más efectiva porque podemos dedicarle mucho más tiempo. A largo plazo.

Visitas a orfanatos internacionales.

¿Cuántos orfanatos visitamos en nuestro país? ¿Es algo que hacemos cotidianamente?

Muchas personas incluyen la visita a orfanatos cuando viajan a un país extranjero. Su motivación suele ser dar amor a esas personitas tan vulnerables. Jugar un rato, abrazarles… y ayudar económicamente como buenamente pueden. No pongo en duda su intención.

Pero, y ¿si nos cuestionamos cómo se está construyendo la socialización de una menor a la que están abandonando continuamente?

Cada x días, una pareja de occidentales llega a abrazarla, a darle regalos un día y después se va. Y nunca más vuelven. De hecho, siguen con su vida. Alguna vez la recuerdan y se apenan por ella. Pero aquí lo importante es qué pasa con esa menor. Su vida es el abandono. Su construcción social está basada en el abandono. Y la hora que pasamos con ella, no ha servido de nada. No ha mejorado su vida en absoluto. La ha empeorado porque cuando nos vamos, esa personita se siente sola y sólo tiene pena en su interior. Y no lo vemos, pero esa noche probablemente llora.

Otra vez conoce a gente que no la elige, que solo la quiere para un rato.

En Asia, en Nepal concretamente, desde hace varios años se ha disparado la creación ilegal de orfanatos. El gobierno comenzó a dar subvenciones y con ello se incrementó el robo y la venta de bebés para llenar esos orfanatos. Las menores se han convertido en mercancía y los casos de pederastia por parte de “voluntarios” que nadie controla se han disparado. Porque, al igual que suele ocurrir con otros tipos de turismo solidario, no se pasa un proceso de selección, no se estudia a las personas que quieren hacer un voluntariado. Si son aptas o no, si tienen formación, capacidades para ello o no.

Y no nos damos cuenta de que vemos la vida desde la perspectiva del contexto que hemos vivido. En nuestro caso, todo son buenas intenciones. Pero cuando hay necesidad de comer en uno de los países más pobres de Asia, todo vale. Hasta robar menores para crear un orfanato ficticio para cobrar la subvención y hacernos sentir mejor a las personas que vamos de occidente y les damos dinero.

El trabajo infantil en el mundo.

En muchos de los países en desarrollo, los niños y niñas se buscan la vida para llevar unos dólares a su familia y con ellos comer. Y en esa búsqueda de ingresos, las personas que estamos allí de vacaciones somos el objetivo perfecto. ¿Qué son 5 dólares para nosotras si nos acabamos de gastar miles en estas vacaciones? Además, con mi dinero está comiendo una familia entera.

Pero veámoslo desde otra perspectiva. El trabajo infantil está prohibido por el derecho internacional. Así que cuando compramos un dibujo a una niña de Oaxaca o una pulsera a un niño de Lombok, además de cometer un delito, estamos perpetuando esta situación de explotación.

Porque detrás de estos actos, aparentemente inocentes, suelen existir condiciones de explotación.

¿Sabíais que en la mayoría de los casos hay una mafia detrás de estas situaciones tan cotidianas? En Lombok, Indonesia, por ejemplo, donde estuvimos viviendo 3 meses, está totalmente organizado. Por las mañanas, las mujeres salen de la comunidad Sasak con sus hijas e hijos y van a la búsqueda de turistas. Ellas venden sarongs y las menores pulseritas. Recorren el pueblo, las playas… han aprendido inglés y entablan conversaciones con las turistas que normalmente suelen terminar en una venta.

Y así pasan todo el día. En muchas ocasiones, aún les puedes ver a las 2 de la mañana intentando colocar algunas de las pulseras que les quedan mientras la gente baila y se emborracha. O a veces, la venta de pulseras ha variado y lo que se vende ahora es droga.

Cuando terminan, vuelven a la comunidad. Allí, un grupo de hombres recoge el dinero, contabiliza lo que han vendido, dan una reprimenda a quienes no han cumplido los objetivos, y a dormir unas horas.

Al día siguiente, por la mañana… vuelven a bajar al pueblo.

Y estos niños y niñas ¿cuándo van al colegio? ¿Cuándo descansan? ¿Cuándo juegan? No lo hacen.

Y ya no entremos en los casos extremos de menores prostituidas.

¿Y qué hago en estas situaciones? ¿No les compro nada con las caritas de pena que ponen? Pues cómprales una comida, por ejemplo. Pero siéntales en tu mesa, de tú a tú, se amable. Comparte juegos en la playa. Conóceles.

Normalmente, en esos lugares, existen asociaciones que intentan luchar contra estas situaciones de una forma estructurada y con mayor conocimiento. Aunque no les veamos, suelen estar ahí.

Lo que estamos haciendo dando dinero es caridad pura y dura.

“La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”.

Eduardo Galeano

Cuando tú les sientas en tu mesa y compartes tu comida les estás respetando.

¿Entonces, me estás diciendo que no haga turismo solidario, que no visite orfanatos, que no de dinero…? Pues algo así.

Nuestros voluntariados hoy en día

En 2016 comenzamos a recorrer América Latina en furgo.

Salimos de California y pusimos rumbo a México.

En esta nueva etapa del proyecto, mi objetivo en la acción social ya no era tratar de ayudar. Ya era consciente de que no iba a salvar al mundo. Es más, México en este caso, no necesita que yo vaya allí para salvarlo.

Ahora más que ayudar, mi objetivo era aprender y compartir conocimiento en todas las direcciones.

No queríamos pasar mucho tiempo en el mismo lugar, y ya tenía claro que un voluntariado de unas semanas no sirve para nada, así que deseché la idea de basar mi ayuda en ese tipo de acciones y me centré más en desarrollar intervenciones técnicas puntuales.

Así que nos involucramos en conocer, sentir y vivir la cultura mexicana. Mezclarnos como una pareja más. Aprender su historia, sus costumbres, entenderles.

Y varios meses después, comenzaron a surgir charlas, conferencias y talleres. Siempre digo que Road2Help se formó verdaderamente en mi amado México. Se convirtió en un proyecto abiertamente feminista para el empoderamiento de mujeres, niñas y comunidades.

Durante los 19 meses que hemos estado recorriendo la república mexicana, he desarrollado 16 acciones solidarias enfocadas a la formación en universidades, institutos, comunidades en riesgo de exclusión social… y hemos compartido, debatido y analizado temas como la globalización o el postmodernismo, las etiquetas, los estereotipos, los sueños, el futuro, el papel de las mujeres en la sociedad actual. Hemos trabajado herramientas de detección de violencias machistas en etapas tempranas, he implementado para el gobierno una perspectiva feminista en los procesos de la Comisión Mexicana de ayuda al refugiado, y hemos soñado con la nueva generación de empresarios y empresarias, nuevas formas de gestión empresarial. Más solidarias, más responsables.

Pinchando aquí, puedes ver todas las acciones solidarias que hemos desarrollado.

Cómo vivir de forma más responsable y sostenible

¿Qué ha cambiado en mi forma de ayudar?

Pues precisamente eso. Que yo ya no quiero “ayudar”. Quiero vivir una vida más consciente y más responsable.

He asumido que hay personas preparadas a las que, probablemente les ha costado mucho llegar hasta ahí, que le van a dedicar el tiempo necesario y que se merecen desarrollarse profesionalmente y percibir un salario por ello. Sin que venga nadie a quitarle esa oportunidad. Mucho menos una europea blanquita.

Que para que un voluntariado repercuta positivamente y sirva para algo, hay que dedicarle mucho tiempo. Mucho más que un par de semanas o unos meses.

Que el mundo es muy injusto y que hay que tener paciencia. Que es muchísimo lo que podemos hacer en nuestra cotidianeidad para colaborar y mejorar la vida de muchas personas. Por ejemplo con nuestros hábitos de consumo.

Aquí, en nuestros pueblos y allí, cuando viajamos. Consumamos productos locales. Impulsemos el comercio local. Productos de temporada. En Michoacán, México, hay una guerra abierta por el aguacate. Una guerra donde están muriendo muchísimas personas para que en Estados Unidos o Europa podamos untarnos una tostada cada mañana.

En lugar de dejar nuestro dinero en un centro comercial o un hipermercado, vayamos a las tiendas de barrio. Pero hablemos con la gente. Conozcamos otras realidades.

Es mucho más lo que desconocemos que lo que sabemos, incluso de la gente que tenemos más cerca.

Revisemos nuestros patrones de consumo. Nuestro consumismo desaforado. Ese consumismo en el que todo vale. Echemos un vistazo a nuestros armarios, a nuestros trasteros….

Prestemos atención a los residuos que generamos. Especialmente en lugares donde la gestión de residuos no está desarrollada. Y eso lo vemos cuando viajamos.

Que no hace falta irse al otro lado del mundo a conocer la situación en la que se encuentra la comunidad indígena del Amazonas o las mujeres jirafa de Tailandia si no tenemos ni idea (y tampoco nos interesa mucho) en qué situación está la comunidad que vive en la cañada Real en Madrid o la que vive en las 3000 viviendas de Sevilla. ¿Qué nos está moviendo a hacer estas cosas?

No se trata de hacer un turismo solidario, sino de intentar vivir una vida más solidaria y consciente. Nuestro día a día.

Una forma de vida menos consumista y  más responsable. De nada sirve que mandemos dinero a una niña de India a la que apadrinamos y luego vayamos a comprar ropa a Zara o a Primark que está explotando a esa misma niña por un par de dólares al día. Y esto lo sabemos perfectamente.

Se puede hacer mucho con muy poco. Porque llevando una vida consciente y responsable, aunque parezca que no estamos haciendo nada, estamos cambiando el mundo.

Cómo hacer un voluntariado responsable

Si, aun así, después de todo lo que os he contado decides colaborar con alguna asociación (que yo no estoy en contra de las ONGDs, ni mucho menos), desconfía de las que no te pidan un currículum, de las que no te exijan una formación y unas capacidades, desconfía si no te hacen una entrevista. Al fin y al cabo, aunque lo vayas a hacer gratis, no deja de ser un proceso de selección para un trabajo. Un trabajo muy serio con personas. Fórmate, prepárate, capacítate.

Busca ONGDs gestionadas por gente local. Que te cuenten cuáles son sus proyectos, cómo los organizan y gestionan. Siente que les importa. Si percibes que allí todo vale, sal huyendo y busca otra. O mejor aún, si dispones del tiempo, ve al lugar, conoce la cultura, mézclate… y ahí surgirán las oportunidades.

Y sé una persona honesta contigo misma. Recuerda lo que he dicho antes. Si sabes que en Europa nunca te contratarían para unas determinadas tareas, no pretendas hacerlas en países en desarrollo.

Haz voluntariados en tu propia comunidad y vive de la forma más responsable que puedas.

No se trata de hacer turismo responsable. Se trata de vivir de forma responsable, o al menos, lo más responsablemente que podamos. Nuestro objetivo como sociedad, como personas no debería ser el concepto capitalista del todo vale.

Somos personas y ese es nuestro objetivo. Más allá de intereses corporativos, consumistas, ambiciosos…. No “necesitamos” la última colección de moda (uno de las industrias más contaminantes y que genera más situación de explotación en el  mundo) no necesitamos tenerlo todo, no necesitamos vivir todas las experiencias del mundo, ni tocar animales, ni tener el Instagram con más gancho….

Si eres mamá o papá tienes la herramienta más poderosa de todas en esto de construir un mundo más sostenible, que es la educación de tus hijas e hijos.

Y yo no digo que esta forma que yo defiendo sea la “buena” y la única. Ni que mi vida sea un modelo. Ni mucho menos.

Sólo quiero compartirte cómo mi pensamiento ha ido evolucionando con el tiempo y la experiencia. Dándome cuenta de que la perspectiva que usaba antes para cuestionarme las cosas, no era una perspectiva basada en las otras personas, sino en mí misma. En mi necesidad de sentirme bien, en mi necesidad de sentirme útil y aportar algo al mundo. En nutrir mi ego.

Y si algo de lo que has leído te ha hecho sentirte mal, no te sientas culpable. Todas las personas estamos aprendiendo y para aprender hay que equivocarse. Lo importante, lo bonito es darse cuenta, no para sentirse mal, sino para sentirse bien por la oportunidad que se nos brinda de abrir los ojos y enfrentarnos a la vida desde otras perspectivas.

Cada cual debe buscar su verdad, pero sólo llegaremos a ella si nos vestimos de humildad con una mente abierta y crítica.

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